Muchos cambios.
Antes de que comiencen a leer esta entrada, me imagino que se habrán dado cuenta que le hice varios "ajustes" a la plantilla del blog. El ancho de las entradas es notoriamente mayor y los colores son predominantemente celestes y azulinos. Así también, cambié la foto de perfil y su "introducción". He hecho 3 descripciones de blog, una en 2007 (recién saliendo del colegio) otra en 2011 (cuando abrí este blog y estaba con el alma destruida) y ahora en 2014, intentando ser un poco más "adulta-joven".
A nivel país, ¡esta es una semana de cambios! y yo, no podía ser menos, jajajaja. Como modo de anécdota, antes de comenzar con el tema de hoy, el miércoles de la semana pasada, después de ese feo temblor, me puse nostálgica y me fui a leer el blog privado, donde escribí regularmente entre julio de 2009 y mayo de 2011 y leí mi experiencia del terremoto del 27F, el inicio del gobierno de Piñera... y en una de esas entradas de fines de 2010, esta muchachita escribía: "Y pensar que le quedan más de 3 años" Mi intención no es herir ninguna susceptibilidad política, pero después de leer aquella inocente frase, solo se me vinieron dos cosas a la mente: 1- Que maravilloso es leer y a su vez recordar las opiniones de hace 3 años atrás. 2- ¡Que rápido pasa la vida! porque solo quedan unas cuantas horas para que Tatán, deje La Moneda. Y con toda la esperanza puesta en el porvenir, solo pido que los cambios bienaventurados, lleguen de una vez a mi vida. No pido nada más por hoy, jajaja.
Al llegar de mis vacaciones, me dispuse a ordenar mis cachureos (¿Alguien más hace esto en "vacaciones"?). Hace bastantes veranos que venía pateando ordenar el librero, hasta que me di cuenta que si no lo hacía de una vez por todas, definitivamente no podría traer ninguna obra nueva para la casa. En octubre intenté arreglar esta situación, comprando una repisa para apilar más libros. Sin embargo, esta en un dos por tres, estaba colapsada. Ya no había solución, con el dolor de mi alma "humanista" debía deshacerme de gran parte de los libros de mi adolescencia.
No se si lo he contado aquí, pero yo soy una "no lectora" en rehabilitación. Hasta octavo básico, yo, Aída, odiaba leer. No había caso, con las lecturas del colegio y ni hablar de lectura como modo de esparcimiento... hasta que un día, vi la luz. No recuerdo como ni cuando, pero llego a mis manos "Pregúntale a Alicia", que básicamente es el diario de vida de una drogadicta que me hizo alucinar. Ahí descubrí el placer de leer y el nuevo mundo que se abre con las lecturas. Después de ese, vinieron muchos más y así y así... hasta hoy. Mi caso de "rehabilitación" como le llamo yo, jajajaja fue por sí sola y eso es lo que yo les digo a todas las personas que conozco que no les agrada leer y culpan a su entorno de no haberles fomentado la lectura. Mi papá y mi mamá, nunca me incentivaron a leer. Ambos preferían que aprendiera matemáticas. Ni pensar en leerme un cuento, pero aquí estoy yo rompiéndole la mano a mi destino "numeristico" siendo una humanista rebelde y, obvio, cesante, jajajaja.
Si no me creen, este era mi marcapáginas que encontré en un libro que me obligaron a leer en séptimo básico:
| Mostraré esta imagen en mi charla motivacional lectora, jajajajaja. |
Superando mi etapa de no lectora, provino la de la adolescente devoradora de libros. Nunca me han gustado las "sagas" ni en su versión de libro y mucho menos en películas. Me gustaban las novelas de amor y sobre todo, las novelas históricas. A los 16 años, me incliné hacia la segunda palabra y decidí que me convertiría en una lectora de libros de Historia. Entre el colegio y la universidad, como toda estudiante de la disciplina, yo tenía una visión bastante errática de lo que era leer "Historia". Creo que en ese período, al único historiador que conocía realmente era a Eric Hobsbawm y solo porque en Cuarto Medio, al profe buena onda, se le ocurrió que resumiéramos las casi 700 páginas de "Historia del siglo XX". Como deben suponer, yo era una de las pocas nerds felices, con su decisión pedagógica. Ah sí y aún profeso un amor secreto hacia el famoso historiador británico.
En fin, entonces tras esa calurosa jornada de febrero, me enfrente a la disyuntiva: ¿De qué libros me deshago? Solo tenía una cosa clara... si no me acordaba de nada de nada del libro, se iría inmediatamente. El problema fue es que en su mayoría me acordaba de algo, jajajaja.
El otro problema es que soy acumuladora de libros. Es cosa que vea una oferta y ya estoy sacando la billetera para comprarme uno nuevo. ¿Le pasara esto a la gente adicta a comprarse ropa? Me imagino que sí, jajajaja. Y ahí van quedando en el olvido. El año pasado, como igual fue medio sabático, intenté catalogar los libros que estaban a medio leer y los que definitivamente nunca habían sido abiertos. Lo hice con la ayuda de estos auto-adhesivos:
| ¿Maniática yo? Jajajaja. |
1- Di por descarte, 33 libros. En su mayoría son textos que me obligaban a leer en el colegio. Muchos de ellos igual me marcaron en mi adolescencia, pero nunca más volvieron a ser leídos... no merecen seguir empolvándose. Esa fue la lógica que encontré: "Otr@ dueñ@ lo disfrutara más que yo".
2- De todos los libros, tengo 57 pendientes. ¿Ven? Si soy super acumuladora. Bastantes de ellos, son de Historia de la Edad Media, todo porque a fines de 2009 y comienzos de 2010, me dio con que a mi me gustaba el medioevo, así que me volvería medievalista y justo ese verano fui a Buenos Aires y me compré cuanto libro había en La Meca cultural de Sudamérica. A fines del primer semestre de ese año, mi carrera dio un giro hacia otro enfoque. Igual, los leeré. Lo prometo. Los otros restantes, son libros que me compraba o me traía de regalo mi papá. O bien, los que encontraba botados de barato en las ferias artesanales y/o persas. Una vez encontré un tesorito a mil pesos, era la primera edición que llegó a Chile de un autor francés que amo. Lo malo es que está en francés... igual mi idea en su momento, era regalárselo a "alguien" pero mejor no, así sigue siendo mi "joyita".
3- Entre la repisa y el librero, tengo 151 libros. Para ser sincera, yo juraba que tenía muchos más. El año pasado, me enteré que la Biblioteca Nacional, se abrió por una donación de 100 libros que hizo un tercero. Esa información, la escuché de la profesora con la que trabajo en la ayudantía, y en ese mismo instante, todos los de esa sala, estábamos seguros que doblegábamos la donación. Ahora, quiero cumplir esa meta, pero primero, sí o sí, debo leerme los "pendientes" esa cifra NO puede aumentar.
Con respecto a los libros descartados, aún no decido si donarlos a alguna biblioteca comunitaria, o bien, venderlos en San Diego. Cuando me decida les cuento, aunque me estoy inclinando por la primera opción. ¡No se imaginan cuanta falta hacen sus libritos olvidados en aquellas instituciones!
Antes de irme, la foto del librero y la que hace un tiempo subí a mi cuenta de instagram de la repisa.
| El librero. Aún quedan algunos auto-adhesivos, la mayoría los arranque el día del orden. |
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| Desde aquí, escribo. En la repisa, están mis autores favoritos. |
Y ustedes... ¿Saben cuantos libros tienen? ¿Tienen pendientes? ¿Han hecho descartes?
Muchos cariños.
Muchos cariños.













