Esta soy yo

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Metropolitana, Chile
Licenciada en Historia y profesora de la misma disciplina. Vivo soñando, amando y recordando. Tengo dos metas en la vida: Viajar y encontrar la plenitud. Comencé este blog en 2011, como una "catarsis", hoy, es mucho más que eso. Enjoy!

jueves, 16 de noviembre de 2017

Eso de confiar en los demás

Ayayai, la confianza.

A mí me costó siglos, volver a confiar en la gente. Tengo un recuerdo especial para ello. Resulta que cuando estaba en Cuarto Medio, en Religión, nos hicieron escribir en tres papelitos de colores cuales serían los pilares que no dejaríamos que pasaran a llevar en el futuro. Solo recuerdo uno, fue el que sobrevivió en la billetera que usaba por esos años, si, había escrito “confianza”.
Ya, si... tendría que tener MUCHA confianza con alguien para hacer esto de la imagen


Yo creo que la connotación que le damos al concepto, va mutando con los años. En ese momento, para mi significaba que mi mejor amiga, mi confidente de la vida, me contara todo y que ella no le contara a los demás, lo que yo le contaba secretamente. Ese mismo año, al finalizar, mi amiga en cuestión nos confesó con meses de retraso que tenía una relación a escondidas con el Profesor de Filosofía. Para mí, con 17 años, fue un derrumbe que no me haya “confiado” eso. ¡Si ella sabía más cosas que mi almohada! Hoy por hoy, yo lo asocio más al compromiso, a tener esperanza que el otr@ no me hará daño, algo así. 

Resulta que, en los últimos meses, me he encariñado mucho con algunas personas, MUCHO. Y he confiado en ellas. Porque quiero, porque me nace, porque simplemente me aburrí de andar desconfiando de la gente. ¡Eso implica una pérdida de energía cuantiosa! El problema, es que, tras esa confianza, digamos que “personaje en cuestión”, se aprovechó. Según una amiga con más experiencia – que cabe la casualidad en esta ocasión, con más años- me dijo “Personaje en cuestión”, tiene más años que tú, te sacó la foto súper rápido y sabía cómo explotar tus fortalezas, para su propio beneficio. No confíes tanto en “personaje en cuestión”. Ustedes no son ni amig@s”.

Y ahí sigo yo, como santa devota, confiando en él. Tratando de buscar un equilibrio. Últimamente me he dado cuenta que soy feliz confiando en la gente, no quiero andar pensando “perico y mendigo me hace esto porque me quiere hacer daño”, “perico haciendo esto, quiere lograr esto otro”. Nah, qué lata.  Y en esa parada estaba y pareciera que el Universo confabuló para decirme: “Tienes razón, confía”.

El sábado pasado fue el aniversario de la Comunidad Ecológica. Y si bien, yo no vivo cerca, si es en la misma comuna, así que por la noche partí para allá, con adolescente (un primo) y mamá incluida. En mitad de la celebración, me dio frío y fui a buscar la chaqueta al auto y apareció ante mí, un emporio saludable, oasis en lo que vendría siendo el patio La Rosa.

Empecé a tomar algunas cositas para comprar y de ahí, la dueña muy amorosa me empezó a recomendar algunas marcas y justo cuando vi que me estaba excediendo en valor, para lo que llevaba en efectivo, le dije: “¿Tienes redcompra?” (Tema aparte: juré que no me iba a “mal acostumbrar” a andar siempre con la tarjeta y sin efectivo, pero jajajaja, pucha que es cómoda esa cuestión) y ella me dice: “Pucha no, pero si quieres te llevas las cosas y me transfieres”.

¡¡Quedé en shock!! ¿Really? Estaba confiando en mí. Una mujer que entró a su negocio y que no conocía hace más de un par de minutos. Ante ello, me negué (porque aun no aprendo a transferir, jajaja) y le dije: “Te agradezco la confianza, pero nah, por esta vez, prefiero llevarme lo que me alcanza con el efectivo”.

Ante eso, la chica me responde: “Pucha, tengo que hacerlo así, ya que como no tengo la maquinita (…)” A lo que yo nuevamente sorprendida, le vuelvo a preguntar: “¿Y te ha resultado? ¿No te ha quedado debiendo nadie?” Y me dice, con sus ojos muy llenos de brillo: “No, siempre me han pagado. Es que sabes lo que pienso: “Problema de ellos si se quieren cagar a una pobre weona”. Y en ese momento, recordé cuando una profe, con la que alguna vez trabajé en la U’, una vez le dijo a los estudiantes: “Si usted llega atrasado y me miente y yo le creo, eso quedará en su karma y no en el mío”. Se lo repetí a la dueña del negocio y me dijo: “Yo creo lo mismo y ha sido muy liberador confiar en ello”.

Y si po. Si “personaje en cuestión” quiso aprovecharse de alguna de mis fortalezas para su propio beneficio, quedará en su karma, no en el mío. Yo lo hice por:
1- Cariño: o algo parecido a ello. 
2- Compañerismo: la tía del primer nivel del kindergarden, me dijo que había que compartir. 
3- Compromiso: Sí, confiar implica comprometerte con algo.

Lo divertido de todo esto, es que el mismo personaje, por esos mismos días que mi amiga me decía que no confiara, me dijo: “Deberías confiar primero y después desconfiar”. A lo que yo, con coraza incluida, respondí: “Prefiero hacerlo a la inversa en algunos casos, puesto que la desilusión y el porrazo, ha sido muy fuerte el que me doy después”. Adivinen que me dijo después.
“Sí, reina del drama”.

¿Qué creen ustedes? ¿Se puede confiar aún en la gente? Yo prefiero que hay más gente con buenas intenciones que maldad en el mundo que nos rodea. No quiero que me vuelvan a quitar esa ilusión.
¡Cariños! 

viernes, 3 de noviembre de 2017

Recaída, parte 1: El picoteo "auto-saboteador".

"Lo tuyo, es una adicción y tendrás que luchar con esto de por vida" Esas fueron las primeras palabras que recuerdo que me dijo el doctor Rodrigo, cuando pise por primera vez su consulta, por allá por septiembre de 2015. Y si, yo llorando le dije que comprendía, que iba a luchar, que iba a lograr terminar con las enfermedades asociadas a la obesidad y lo logré, de ese orgullo, ya he mencionado largo y tendido por aquí. 

Lo otro que me dijo en esa consulta fue que si no me operaba, el riesgo de superar el peso inicial dentro de cinco años, era altísimo, algo así como un 80%. Ahora bien, la gente que se opera, muchas veces dentro de los dos años, igual nuevamente vuelve a estar obesa. El tema es que la gente cree que el problema "es tener el estómago grande", cuando la realidad, es que uno canaliza de mala forma la ansiedad, los miedos y un largo, etc. 

¿Por qué cuento todo esto? Porque desde marzo de este año que estoy pasando por un proceso de "recaída". Y sí, quienes me han visto, saben que he subido de peso. Y es super duro, porque la gente sigue confiando en mi consejos que ni yo misma me creo. Me siento una persona super falsa, porque finalmente, a veces predico cosas que ni yo misma cumplo. 

Dejo esta cita que encontré en la web: 
"Dejar de consumir drogas es como tratar de hacer una dieta para bajar de peso. Es difícil aprender a hacer las cosas de manera distinta, como comer menos, hacer más ejercicio y evitar algunas de las comidas favoritas. Es fácil romper la dieta, comer de más y aumentar el peso perdido. Pero entonces hay que tratar de nuevo" (Easyread)

"Pero entonces, hay que tratar de nuevo". Si antes luché 1000, ahora deberá ser con 2000% de determinación. Pero pucha que cuesta. Y en esto, siempre he dicho, hay que tener ganas. Y siento que poco a poco, las fui perdiendo. 

Y sí, me gustaba verme más delgada, pero tampoco sentía que ganaba tanto. A nivel psicológico, gané infinito, pero fue porque la sociedad, comenzó a aceptarme. Y ahí es cuando viene la pregunta: ¿Cambió mi actitud o cambió mi cuerpo? ¿Gracias a mi cambio de cuerpo, cambió mi actitud? 

Hace poco leía que M. Trujillo, había vuelto al peso inicial, antes de tomar su terapia con el método Goce. Que ahora estaba buscando otras alternativas. Y cerró sus cuentas en redes sociales. Y la super entiendo. Es difícil que te tomen como modelo a seguir, que tengas que cumplir expectativas, con algo que finalmente, es una enfermedad. Es igual que si nos pusiéramos a idolatrar a un enfermo de cáncer por su "lucha" y que empezáramos a tirarlo para abajo, si le viene una metástasis. El drama, es que se cree erróneamente con la obesidad, que "uno decide comer de más". Cuando en verdad, uno no está controlando las decisiones que tienen que ver con la comida. 

Y si, sigo con ayuda de mi nutricionista. Pero de nada me sirvió en todo este tiempo, ir a la consulta, cumplir los primeros días y comer "escondida" otra cosita por aquí y por allá. No he vuelto a comer las tonteras que comía antes, pero confieso que sí he abusado de:

1- Frutos secos: el maní japonés es mi perdición. 
2- Galletas sin azúcar: todos sabemos que ya, son sin azúcar, pero para que sea agradable al paladar, le suben el porcentaje de grasa. 
3- Avena/granola: Dios mío que rico es un yogurcito con harta avena/granola. Onda que quede medio pastosa. 

O sea, en resumen:

1- No he subido las porciones.
2- Aumenté el "picoteo".

Super sano su refri, iguals, jajaja. 

El "picoteo" es super auto-saboteador, porque a más picoteo, el cerebro recibe la orden de "Quiero más, hasta el infinito". O al menos a mi, me pasa eso, jajajajaja. 

¿Y como voy con el gym? Confieso que he seguido yendo desde que entré a trabajar a tiempo completo, pero voy con muchas menos ganas, por 3 razones:

1- Estoy cansada. Y sí, siempre dije que para ir al gym, hay que estar "descansadito" por las mañanas, si no, no cunde. Y no, no puedo ir antes de mi pega, porque entró a las 7:30am.
2- Desde que dejé de ir por las mañanas, me da mucha lata, no encontrarme con mis conocidas siempre. Más encima por las tardes, está más lleno y a veces, no tengo paciencia para esperar las máquinas de pesas. 
3- A mi me daba mucha pena tener que dejar de ir a la sucursal por las mañanas, porque iba a tener que dejar de ver, al chiquillo que me encantaba de ahí -y al que nunca me atreví a hablarle, más allá del "holachaoqueestisbien"-. Él llegó a la sucursal, dos días después que llegué yo, por allá por abril de 2016. Y lo cambiaron dos días antes que dejara de ir en las mañanas (agosto de 2017). Y es super frustrante y poco motivante no verlo. 

Ahora bien, para el ítem deportivo, tengo dos posibles soluciones:
1- Desde mañana, retomo piscina, el ejercicio que por leeeeeeeeeejos es el que más me gusta. 
2- Debería preguntar a que sucursal se fue Felipe, he estado pateando eso por meses y si era mi motivación, debería seguirla y escuchar al corazón. Además, me tinca que debe ser la otra sucursal que hay en Peñalolén (donde vivo).

Y para el ítem comidas, también tengo una posible solución:
Hoy tengo hora con mi nutricionista y le voy a pedir que me haga una dieta libre de azúcares. Ni pan, ni fideos, ni arroz, ni papas y ni fruta. Quiero intentarlo al menos por un mes. Azúcar -o endulzados- llama a más azúcar. Esa es mi teoría... ¡Veamos como nos va!

Les iré contando sobre mi nuevo proceso. Odio esconder lo que me está pasando. No me siento culpable de nada, a excepción de sentirme falsa. Detesto esa sensación. De ahí que quise compartirles esto.

¡Cariños!

sábado, 21 de octubre de 2017

Drama queen

Una vez, mi papá en una conversación random que tuvimos, me dijo:

"Sabes Aída, cuál es tu gran problema? Es que te tomas muy en serio, lo que te dicen los demás".

Y fue una puñalada, porque tenía toda la razón. Ay papito mío, si supieras que aquello, aún lo recuerdo muy vívido en mi mente...

El problema es que ayer, después de mucha dosis de alcohol, otro personaje me dijo algo parecido:

"Sabes Aída, cuál es tu problema? Es que eres muy sensible, muy compleja"

Me dieron ganas de empujar a personaje en cuestión y decirle "Y es justa esa cuestión la que te atrae, cierto?" Pero odio los comentarios egolatras, así que preferí tragarme mi comentario y utilizar una herramienta pedagógica: "Desarrolla más la idea".

Personaje en cuestión, señala tras beber un sorbo de su vaso: "Eso po. Te gusta el drama, lo complejo, eres muy difícil. Me estás intentando cambiar y yo soy como soy".

Otro puñal y este fue tal vez más fuerte, porque no estaba lúcida. Segundos después, tomé aire y le dije "No te estoy intentando cambiar, solo te estoy señalando que hay algunas cosas que me dices, que me hacen daño"

Nos dijimos muchas cosas entre medio, fuimos muy sinceros, tal vez, demasiado. Pero esa debería haber sido la base desde el comienzo, sea cual sea, el rumbo que tome la unión en nuestras vidas. Sin embargo, no me dolió la sinceridad del comentario. Fue el hecho de que, una vez más, me sentí culpable, si... apareció doña culpa en todo su esplendor.

La principal culpa fue darme cuenta que siempre he tenido la absurda idea de que uno le puede decir lo que quiera a los hombres y no les dolerá. Y la estoy cagando po. ¿De donde mierda saqué esa idea?  Y si... siempre que tengo confianza con ellos, les digo cosas que tal vez, les puedan caer mal. Y se sienten po. Lo bueno, es que personaje en cuestión, tuvo el coraje y me lo dijo. Con alcohol entre medio, pero a la cara.

Después, me dio pena. Porque si... soy dramática. Y sí, hechos de mi vida me han hecho acentuar ese aspecto del que no me siento orgullosa. Pero después, mientras venía de vuelta a mi casa, me acordé incluso de anécdotas que ocurrieron cuando iba en octavo básico.

Recuerdo que con una amiga querida, inventábamos muchas cosas. Ella era super buena para el dibujo y yo, era buena para tramar cosas en mi cabeza, crear una especie de mini guiones. El resultado fue que unimos los dos talentos y... ¡creamos una mini-serie! Adivinen qué tipo de género.

D
R
A
M
A

Recuerdo que llevé al colegio un cuaderno en blanco y en los tiempos "libres" (o cuando queríamos sacar la vuelta: holi ciencias) creábamos. Yo contaba historias, ella las dibujaba. El problema es que la mini-serie tenía un nombre. Sí, se llamaba "El drama de Aída".Sé que tengo ese cuaderno en algún lugar. pero ¿será recomendable verlo?

Para no dejar inconclusa la anécdota de anoche, les cuento que activé mi coraza y le dije a personaje en cuestión: "Ya si, soy una drama queen, así que tienes dos opciones: Me quieres y te quedas, o me odias y te vas"

¿Qué decisión tomará? Solo el destino y sus misteriosas tramas, lo sabe...

miércoles, 11 de octubre de 2017

Reflexiones varias

1    1- Pucha que admiro a las personas proactivas. Pasó que ayer, llegó un artículo nuevo a la pega y había que atornillarle unas rejillas. Pasamos 74938383 personas. Hasta que llegó un compañero, fue a dejar sus cosas a su puesto, retornó al artículo en cuestión, leyó el manual y manos a la obra. Yo no dejé de mirarlo, ensimismada. Es que, pucha, yo leo un manual y me desmayo del colapso. En mi casa, hasta para poner un tornillo hay que llamar a un maestro. Y no, no me siento orgullosa de eso.

      2-  Todo el que me conoce en vivo, sabe que soy super piti. Onda puedo leer sin problema, la letra times 5, pero anda a hacerme parar una micro, hasta que no está encima mío, no veo el letrero. Por eso, mi mejor amiga, es la aplicación del transantiago que te dice en cuanto rato más pasan las cromis, ahí voy calculando XD. Bueno, después de 28 años postergándolo, ayer fui al oftalmólogo. Tengo astigmatismo severo y deberé ir acostumbrando al cerebro a un campo visual mayor. ¿Qué me habré perdido señor Jebús? ¿Habrá estado mi príncipe azul, ahí delante de mis ojos y yo sin verlo? Jajajajaja.

3   3- Tengo otro compañero en la pega, que viene de otro país. Pucha que le hace bien a Chile, esa diversidad de culturas. He aprendido tantas palabras y costumbres nuevas. Y ambos nos reímos de los modismos del otro país que no entendemos.

4    4- Creo que, en toda mi historia de vida, nunca me había tocado compartir con tantos hombres. Y son bacanes. ¡Me he sacado tantos prejuicios chiquill@s!

5    5- Tengo que aprender a ahorrar. O sea, siempre he sido super ordenada, con mis platas. Hago listas de lo que me puedo comprar por mes y la vaina, pero quiero asumir un proyecto grande. Sí, viajar.


 
Yo, antes de escribir esto 
Esto reflexiono en este gélido día de octubre.


  • Cariños.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Catarsis de un día para olvidar

El jueves pasado, salí a tomar once con mis amigas del Preu (una de ellas, es mi jefa directa, pero en serio, la estimo mucho). Y en una de mis voladas filosóficas que me dan a veces, dije “Lo que más aprendí en mi sesión final con la psicóloga, es lo que me dijo al despedirnos: “Van a seguir pasando cosas malas, no te puedo asegurar lo contrario, pero todo va a depender con la actitud que te tomes las cosas”. Al otro día, a la hora de almuerzo, empezamos a hablar de autos en mi pega nueva y ahí conté a grandes rasgos lo del accidente, donde murió mi papá. Hace tiempo que no me tocaba contarlo, pero como en este último mes he conocido mucha gente, me vi en la necesidad de contar, más que mal, quiera o no, es parte de mi historia.

Y siempre que lo hablo, temo que sea una especie de caja de Pandora que desate todas las maldades del mundo. Y ayer, pasó. No directamente conmigo, pero pasó.

Entro a mi pega a las 7.30am, por tanto, salgo a las 6.20 de mi casa. Pensé que sería más duro todo esto, pero nah, uno se acostumbra a todo. La cosa es que ayer, salí 4 minutos más tarde de mi casa y, por tanto, tuve que tomar la micro siguiente, que iba más llena y ya, asumí, total yo misma tomé la decisión de quedarme 5 minutos “regaloneando”.

Iba en el tercer paradero y de repente, la micro se pegó un frenazo. Nada anormal, a esa hora ¡Andan tan apurados todos, que en serio, siempre hay frenazos! Pero ese de ayer, no movió solo a los que no iban afirmados. ¡Movió a toda la micro! Después vino un sonido del terror. Un auto pasó volando y se volcó. Mucho polvo. Mucho sonido. Mucha perdida de dimensión de tiempo-espacio.

Afortunadamente el conductor de la micro, reaccionó antes y frenó, porque si no, tal vez, el auto habría impactado directamente, donde iba parada. Y yo que pensaba que las micros, al ser más imponentes, eran más seguras. Pffff.

Después de eso, recuerdo que un tipo muy flaite, en serio, muy flaite, le dice al conductor “Aweonao, abre la puerta para ir a ayudar”. Yo solo pensaba ¿Ayudar a qué? si la persona debe estar muerta. Nos bajamos todos, sacaron a la persona del auto y en ese momento, me puse a tiritar y sollozar. Le dije a una señora que yo había vivido un accidente, donde había muerto mi padre, nos abrazamos y me dijo “yo nunca había vivido algo así, estoy tiritando”. Le dije “Si no podemos ayudar, mejor vayámonos”. Y ahí empezó mi cuestionamiento. ¿Me puedo retirar del lugar?

Hice parar otra micro y el muy desgraciado no paró. De ahí, de pura impotencia, pena, miedo, llamé a mi mamá llorando y se pasó mil rollos. Le dije que no me había pasado nada a mí, pero que había abierto muchas heridas internas. Es que, lo del duelo, cada día hierve menos la herida, pero lo del impacto de un accidente, quizás me persiga siempre.

Mientras miraba a la mujer que iba en el auto, que afortunadamente recobró el conocimiento a los pocos minutos y de ahí fue una sucesión de gritos desesperados, yo solo pensaba “estar en la otra parte del escenario, también es super difícil”.

Agradecí, una vez más, me doy cuenta que si bien, nos han tratado de individualizar completamente como sociedad, aún quedan resabios de humanidad y apoyo comunitario, ello además de que hay gente que reacciona bien. Yo solo recuerdo que gritaba “llamen al SAMU”. Cuando la señora despertó, se puso a gritar y llorar muy fuerte, en ese momento pensé tal vez iba alguien más adentro. Le pregunté al señor que se metió al auto a sacarla, me dijo “no lo sé, parece que no”. Ahí dije “Pero por algo llora de esa forma”. Y de repente veo que intenta mover sus pies. Fue del terror.

Superhéroes los hombres que se metieron dentro. Yo creo que ahí actúan por puro instinto de salvar la especie, porque en términos racionales, ese auto se podría haber incendiado (es lo que más me quedó en la parte teórica, cuando hice el curso de conducir) o podría haber vuelto a su eje y las personas que estaban ayudando, podrían haber salido dañadas. Todo eso recuerdo que gritábamos con la señora que nos abrazamos.

Al final, tomé la siguiente micro, de la que no nos quiso parar. Mi ayuda ahí no servía de nada y personalmente a mí, me hacía mucho daño. Esta mañana volví a pasar por el lugar del accidente (le tenía un poco de pánico a ese momento) y me pasó lo mismo que me pasó una vez que volví al accidente que protagonizamos con mi familia en 2011. ¿Aquí, en este espacio diminuto pasó todo?
Y si, ojalá nunca quien me lee, tenga que pasar por algo así, ser protagonista o “espectador” de un accidente, porque en ambas ocasiones, uno se siente pequeñito y el lugar se transforma en algo muy abrumador y el tiempo, se relativiza completamente.

No he dejado de pensar en la señora protagonista del accidente, pero me conforma saber que en su camino, haya encontrado gente de tan buen corazón, que la auxilió sin pedir nada a cambio. Esa es la humanidad, en la que hay que volver a confiar.

Cariños. 

jueves, 21 de septiembre de 2017

¿Querré yo vivir el "romance del siglo"?

La semana pasada, vi una película que dirigió Madonna. No tenía idea que la había dirigido ella y no me hubiese enterado, a menos que no la hubiese visto aparecer en los créditos finales. Ahí me pregunté. ¿Será la misma Madonna? ¿Like a virgin y blá blá blá? Y bueno, sí, era la misma Madonna. La película se llama “El romance del siglo” y siento que no la pude ver en mejor momento.
Saben que no soy buena reseñando pelis, pero en Netflix, antes de verla, yo leí lo siguiente:
“Una joven ama de casa de los noventa ansía tener un romance tan intenso como el de la célebre divorciada Wallis Simpson, pero la historia la lleva en otra dirección”. Viendo la película, hay varias cosas que me gustaría destacar. Los pondré a modo de "clic"

La pareja de inicios de siglo

La pareja de fines de siglo


Primer clic:
Estudié Historia y como tal, acumulo una cantidad de datos en mi cabeza que yo creo que jamás volveré a ocupar, pero algo que no manejo, o cacho relativamente poco, es sobre la historia de la monarquía, onda los comidillos. Así que nope, no tenía idea que el tío de la Reina Isabel, había abdicado por amor, ya que se enamoró de una mujer casada 2 veces antes que él. ¡Así que lo de Diana no era uno de los primeros “escándalos”O!

Segundo clic.
La historia se basa en dos escenarios temporales y físicos: La década del 30 y del 90 y entre Nueva York, Inglaterra-Francia. Creo que estos últimos paisajes, sobre todo en Cannes, Costa Azul y millones más, confirmaron mi anhelo de pisar pronto esos lugares.

Tercer clic:
La mujer de los años noventa, está realmente obsesionada con la figura de Wallis Simpsons. Su madre y su abuela, le pusieron su nombre en honor a ella. Así que digamos que ya venía “marcada”. Pero en serio, muchas veces me sentí demasiado representada, porque es como la misma admiración que yo llego a sentir por la Simone de Beauvoir y más especialmente, por su relación con Sartre.

Cuarto clic:
Hace unas semanas, me acordé de P. o sea, siempre anda obnubilando por ahí, pero el viernes ante-pasado, me puse a conversar con una amiga de él y bam bapa bum, lo sentí. Ese mismo día, llegué a la casa post-pega (estoy trabajando al fin, pero ese será tema para otro post). Me metí a IG y en una cuenta dedicaban una imagen y reseña a la feminista Kate Millet. Y una de sus frases más conocidas fue un puñal. Ella solía señalar que “El amor ha sido el opio de las mujeres”. Yo siento que ya había expresado algo similar, antes Simone, en el capítulo que le dedica a “La enamorada”, en “El segundo sexo”.
Y si po, no es que amar sea malo. El problema es cuando no ha sido entre dos seres que se les permite desenvolverse en las mismas condiciones.

Quinto clic:
En una escena, había un personaje que le decía a la mujer de los ’90, que dejara de creer en los cuentos de hadas. Y sí, yo me enamoré aún más de este tipo en cuestión, cuando supe de la relación entre Sartre-Beauvoir y entre Arendt-Heidegger. Y no po, ahora puedo verlo más claro, aunque no por ello, es menos doloroso/frustrante. Esto es la realidad, y yo simplemente soy Aída y el simplemente es P. Además, tal vez, nunca hubiese tenido ni la más mínima intención de participar en el “juego”.
Demasiado adolescente todo, lo sé. Pero me aferré tantos años a eso, que en serio, me cuesta soltarlo. Mi amiga en cuestión, lo ha visto de manera más personal (já, hasta ebrio) y sé que lo que me dice de él (onda que ni siquiera intenté retomar un contacto con el personaje en cuestión) lo dice desde la vereda de la protección. Pero, por otro lado, ese mismo día le señalé que necesitaba cerrar el ciclo, verlo, vernos.
¿Qué quiero con eso? ¿Subir mis expectativas hasta las nubes y defraudarme una vez más? Amiga en cuestión me dijo que a ella no le costaría nada crear una reunión entre varios, donde estuviéramos ambos. Pero le dije que yo le avisaría cuando me sintiera preparada.
Tal vez, Aída, nunca lo estará. Quizás también mi destino deba dar un giro en este ámbito. Tal como la Wallis de fines del siglo XX.

¡Cariños!


jueves, 24 de agosto de 2017

Hoy, son DIEZ años

Hace diez años atrás, tenía dieciocho.
Hace diez años atrás, estaba en el Preuniversitario.
Hace diez años atrás, hacía la cimarra en la clase de matemáticas del Preu.
Hace diez años atrás, me creía hippie/lana/morral e iba todos los días a "vitrinear" a la Feria Artesanal del Santa Lucía.
Hace diez años atrás, fue la primera vez que me sentí sola.
Hace diez años atrás, me comí todo lo que pasó por delante mío.
Hace diez años atrás, me hice la primera cuenta de Gmail.
Hace diez años atrás, seguía "enamorada" del Profe de Historia del colegio.
Hace diez años atrás, supe lo que era decepcionarse de alguien.
Hace diez años atrás, me senté frente al computador portátil y me atreví a apretar ¡Publicar!
Algo así fueron mis comienzos XD
Sí, un día como hoy, se cumplen 10 años desde que tomé la decisión de escribir sobre mi vida, en esta red social. Recuerdo que una amiga de la época me dijo que los diarios de vida virtuales, eran bastante choros y que uno podía escribir lo que quisiera. Como en ese tiempo, estaba sola, busqué cobijo acá (en la plataforma, este blog es de 2011), en el anonimato y creo que fue una buena decisión. 

La pena que me da, es que el mercado y las fashion bloggers, como que viciaron este mundo. Y ahora hay como una recesión de escritura. Hecho que ha ocurrido antes. Ojalá ocurra un nuevo revival bloggero, sin marcas de por medio. Solo amor al arte de contar tus experiencias, no en compras, no con productos, si no con los aconteceres y reflexiones del día a día.

Esa es mi humilde opinión, diez años después.
Por mi parte, sigo por acá, no tanto como antes, pero siempre buscando cobijo en las letras y en sus comentarios, obvio. Les haría un mega-hiper sorteo para celebrar esto, pero nadie auspicia a esta devota humanista. Jajaja, a cambio, siempre podremos conversar =). 

¡Cariños!